2 oct 2007

Amanecer corriendo

Una de las sensaciones que más se impregnaron en mi memoria (la memoria se registra no solo en el cuerpo sino el alma) es la de sentir el amanecer corriendo bajo el fresco aire del bosque de Chapultepec, alli donde solo Motecuzoma podía entrar a meditar, a darse sus baños de purificación, allí donde el Sargento, el ahuehuete (Taxodium mucronatum) que mandó plantar Nezahualcoyotl, vivió por más de quinientos años, con sus ardllas chillonas que tiran piñas de los pinos si abrazas el árbol donde viven, donde el pasto amanece con rocío, donde los chavos de secundaria con sus uniformes cuadriculados salen del metro Chapultepec si se echaron la pinta y entran al bosque a echar novio, remar o echarse sus cigarros que clandestinamente les venden los puesteros recien regularizados en sus flamantes puestos metálicos con llantas de motocicleta.

Foto Alejandro Cisneros

Ese es el bosque, el de todos, el de los adoquines y las fuentes, el del trenecito, y el audiorama; el que cada mañana corrí y respiré e hice tan mio como la ciudad.