
Mientras hacía fotos para un temazcal, conocí el arbol del pich, bueno, primero tropecé con sus vainas, mismas que me hipnotizaron, me parecieron tener vida y poesía en su forma, entre caracoles y flores de otro mundo, entre cacao y joya prehispánica, el arbol en el que crecen es majestuoso, tan alto como llega a ser una ceiba pero sin espinas, junté ocho vainas y las incrusté en pares que parecen amarse.




